Desde hace unas semanas comenzamos a estudiar el presupuesto quinquenal de la Intendencia de Salto y podemos decir que los números impactan: $21.691.951.664 a ejecutarse en los próximos cinco años. Sin embargo, este récord no es un mérito en sí mismo, sino el resultado de la millonaria deuda aprobada a finales del año pasado.
Con estos recursos, se terminan las excusas. La gestión actual tiene fondos suficientes para generar un impacto real, pero la magnitud de las cifras exige un control ciudadano riguroso. Para dimensionar: mientras que por el FDI (fondos nacionales para obras) ingresaron unos $210 millones en 2025, el endeudamiento inyectará $576 millones en 2026 y promediará $456 millones anuales hasta 2030 para obras y maquinaria. El problema es que esta “bonanza” es una deuda que pagaremos todos hasta el año 2046.
¿Qué es lo que realmente debería preocuparnos?
Detrás de las cifras, asoman los mismos vicios de gestiones anteriores:
– Aumento de cargos políticos (44 cargos) con un costo de $520 millones en el quinquenio.
– Ingresos “a dedo” de 146 designaciones directas en menos de un año, incluyendo exfuncionarios de CTM Salto Grande y exediles.
– Aumento de partidas de compensaciones especiales a discreción.
– Una falsa reducción de personal (1.593 funcionarios) que se complementa con la contratación de 178 monotributos y licitaciones vigentes para fundaciones, ONG y cooperativas.
– El riesgo financiero de tomar deuda a 20 años implica que, durante 6 años, el pago de cuotas consumirá $500 millones de los $766 millones que se recaudan por SUCIVE.
– Un presupuesto elaborado de espalda a los trabajadores porque “no tuvieron tiempo” que trae como consecuencia, el no aumento real del salario, con riesgo de precarización laboral y escasos recursos para la carrera funcional.
– Nula planificación para asignar vacantes presupuestarias en los Municipios.
– Se modifica el destino de la “Zona Azul” hacia “fondos sociales” sin mecanismos claros de control, abriendo la puerta a la discrecionalidad.
– Cero prioridad destinada a la Central Hortícola del Norte como al desarrollo productivo, dedicando a crear una nueva estructura burocrática de cargos políticos sin planificación que los rodee.
Al final del día, el contribuyente es quien financia todo esto. Tener el presupuesto más grande de la historia no sirve de nada si el destino es el privilegio político y no el bienestar de los salteños.
