Publicación de Gabriel Mendez: EL PRECIO DE DECIR LO QUE SE PIENSA
En carnaval aprendí algo hace muchísimo tiempo, es muy difícil tener amigos cuando tu trabajo es opinar sobre el trabajo de los demás.
El carnaval está hecho de pasión, de horas de ensayo, de sueños e ilusiones arriba del escenario pero, también es una competencia.
Cada conjunto deja ahí una parte de su vida. Y yo, desde mi lugar, tengo la tarea de mirar, escuchar y decir lo que pienso. A veces gusta, a veces molesta, a veces genera aplausos y otras veces enojo, silencio o distancia.
Por eso muchos creen que uno debería elegir, o ser amigo o ser comunicador (“opinólogo” como les gusta decirme cosas que no me molesta en absoluto). Yo abracé esta profesión hace muchísimo tiempo, elegí por sobre todo la honestidad de decir lo que veo y lo que siento frente a un espectáculo, aunque eso lamentablemente pueda tener sus costos afectivos.
Por supuesto que esto no significa que no valore a la gente que hace y crea los maravillosos espectáculos de carnaval, por el contrario la respeto profundamente y valoro su profesionalidad, capacidad e ingenio, pero mi compromiso es con el público, con quienes escuchan la radio o se pegan una “vichadita” a mis opiniones escritas esperando una mirada sincera.
Tal vez por eso no tenga muchos amigos carnavaleros, por eso cada año muchos (por lo general quienes pierden) se enojan conmigo pero, lo que sí tengo es algo que para mí vale mucho más… la libertad de decir lo que pienso sin condicionamiento de ningún tipo.

Por mar24

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