A los 40 años, cuando muchos ya le habrían pedido que pensara en retirarse, el fútbol le abrió la puerta que había esperado durante toda su vida.
Josimar José Évora Dias, conocido como Vozinha, no comenzó su carrera profesional hasta los 25 años. Pasó por clubes de Angola, Moldavia, Chipre, Eslovaquia y Portugal, casi siempre lejos de los grandes reflectores. En más de una ocasión pensó en abandonar la selección de Cabo Verde, pero siguió porque todavía conservaba un sueño: disputar una Copa del Mundo.
Ese momento finalmente llegó en 2026.
En el debut mundialista de Cabo Verde, Vozinha realizó siete atajadas y mantuvo su arco invicto ante España. El partido terminó 0-0 y el veterano guardameta fue elegido como la figura del encuentro. Al escuchar el silbato final, se inclinó junto a su portería y comenzó a llorar.
Pensaba en sus abuelos, quienes lo habían criado y habían fallecido años antes. También pensaba en su madre, Ana Candida Évora, quien había tenido que observar el partido desde Cabo Verde porque no consiguió reunir a tiempo el dinero y los documentos necesarios para viajar a Estados Unidos.
Días después, su historia conmovió al mundo. Las autoridades facilitaron el visado y Ana pudo llegar a Miami para verlo jugar contra Uruguay. Madre e hijo se reencontraron mientras Cabo Verde continuaba sorprendiendo hasta avanzar a la fase eliminatoria y obligar a Argentina a disputar tiempo extra.
Vozinha terminó el Mundial convertido en uno de los jugadores más queridos del torneo. Había llegado como un arquero veterano y sin club, pero salió incluido en el once ideal elegido por los aficionados.
Poco después, Colo-Colo anunció su contratación.
El hombre que tuvo que esperar hasta los 25 años para ser profesional y hasta los 40 para jugar un Mundial recibió una nueva oportunidad en uno de los clubes más importantes de Sudamérica.
Su historia recuerda algo sencillo: los sueños no siempre llegan cuando los imaginamos. Algunas veces aparecen después de años de espera, sacrificios y dudas.
No llegan tarde. Llegan cuando todavía tenemos el valor de seguir buscándolos
